Hypnotic (2023): inicio trepidante, desarrollo y fin rocambolesco
La película Hypnotic (2023) es una obra completa de Robert Rodriguez, donde el director useño dirige, coescribe, produce y edie el film. Este autor es una figura cuya trayectoria es esencial para comprender el cine contemporáneo de género. El cineasta texano, quien asombró al mundo con la visceralidad técnica y el ingenio de El Mariachi —obra que definió las posibilidades del cine independiente de bajo presupuesto— y que más tarde consolidó su estatus de culto con la explosiva mezcla de géneros en Abierto hasta el amanecer, intenta aquí trasladar su particular estética a un thriller de ciencia ficción de mayor envergadura conceptual. El guion, firmado conjuntamente con Max Borenstein, se apoya en un reparto encabezado por Ben Affleck, Alice Braga y William Fichtner, bajo una producción que involucra a los propios hijos del director. Esta estructura de "taller familiar" evoca la independencia creativa que Rodriguez siempre ha defendido, alejándose de los grandes estudios tras experiencias previas como Alita: Ángel de combate, para intentar recuperar ese pulso narrativo irreverente que lo caracteriza, aunque en esta ocasión se adentre en los laberintos de la psique humana con una ambición técnica que busca emular la grandilocuencia de las grandes producciones de suspense intelectual.
El argumento de la cinta se articula en torno a la figura de Danny Rourke (Affleck), un detective de policía emocionalmente devastado tras la misteriosa desaparición de su hija pequeña en un parque. En un intento por recuperar su estabilidad, Rourke se reincorpora al servicio activo, solo para verse envuelto en la investigación de una serie de atracos bancarios que desafían cualquier lógica física o racional. Durante uno de estos incidentes, el protagonista observa cómo un hombre enigmático, Lev Dellrayne (el magnífico actor William Fichtner), logra manipular la voluntad de las personas mediante el simple uso de la palabra y el contacto visual, provocando que civiles y policias actúen como marionetas bajo sus órdenes. La búsqueda de respuestas lleva a Rourke a contactar con Diana Cruz (Alice Braga), una vidente superdotada que le revela la existencia de una división secreta del gobierno dedicada al perfeccionamiento de la hipnosis como un arma de control mental absoluto. A partir de este punto, la trama se convierte en una persecución vertiginosa donde la realidad se desmorona capa tras capa, sugiriendo que nada de lo que el detective percibe es auténtico y que él mismo podría estar atrapado en una construcción mental diseñada para extraer información sobre el paradero de su hija, en un juego de espejos donde perseguidor y perseguido intercambian roles constantemente.
Desde una perspectiva crítica, el film destaca por un planteamiento original que utiliza la hipnosis no como un truco de salón, sino como una tecnología de reescritura de la realidad percibida, ofreciendo secuencias de acción visualmente impactantes y coreografiadas con la maestría habitual de Rodriguez. El arranque de la película es brutal, con los primeros 15 minutos que te mantienen pegado a la butaca. Sin embargo, la propuesta va perdiendo rápidamente fuerza, comienza a parecerse a una copia descarada de la estética de Origen (Christopher Nolan, 2010). Incluyendo las famosas estructuras urbanas que se pliegan sobre sí mismas hasta la premisa del "mundo dentro de un mundo", la sombra de Nolan es tan alargada que la identidad propia de Rodriguez se diluye en un pastiche de influencias varias del cine de terror y ciencia ficción. El mayor obstáculo de la película reside en una notoria falta de credibilidad y consistencia en su guion. A medida que la trama avanza hacia su clímax, los giros argumentales se vuelven tan rocambolescos e incongruentes que el espectador se ve forzado a un "salto de fe" excesivo que rompe el peso dramático de la historia. Los diálogos, en momentos clave, resultan absurdos y las revelaciones sobre las motivaciones de los personajes se sienten rebuscadas, convirtiendo a los protagonistas en meras marionetas de un engranaje narrativo que prioriza el ruido mentalista sobre la solidez emocional. En cualquier caso, cumple, entretiene, pero no deja poso. Es curioso pensar que si hubiera sido Christopher Nolan el director, esta misma premisa de arquitecturas mentales y realidades colapsadas sería considerada, sin lugar a dudas, una obra maestra del cine contemporáneo, en lugar de ser vista como una serie B con delirios de grandeza, pero Rodriguez no es Nolan......
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