Déjame Salir (2017): no te fíes de las familias blancas americanas que votan a Obama

Get Out, titulada Déjame salir en España, es una película estadounidense de terror, suspense y thriller psicológico estrenada en 2017 y escrita y dirigida por Jordan Peele, en su debut como director de largometraje. Está protagonizada por Daniel Kaluuya, Allison Williams, Bradley Whitford y Catherine Keener, y tiene una duración aproximada de 104 minutos. La historia comienza cuando Chris, un joven fotógrafo negro, viaja con su novia blanca Rose a la casa de los padres de ella para conocer a su familia. Lo que inicialmente parece una incómoda pero convencional visita familiar va adquiriendo poco a poco un tono inquietante, a medida que Chris percibe comportamientos extraños y situaciones difíciles de explicar. Uno de los grandes aciertos de Peele es precisamente la manera en que consigue convertir una situación cotidiana en algo progresivamente perturbador, sin necesidad de recurrir desde el principio a los mecanismos habituales del cine de terror.

La principal virtud de Get Out está en la originalidad de su planteamiento y en la manera en que utiliza el terror para hablar del racismo sin recurrir a los tópicos más evidentes. Peele construye una situación en la que Chris se encuentra rodeado de personas aparentemente amables, educadas e incluso excesivamente preocupadas por demostrar que no tienen prejuicios con lo negros. Sin embargo, precisamente esa normalidad impostada es la que genera el malestar. La película juega constantemente con la sensación de que algo no encaja, y convierte pequeños gestos, conversaciones aparentemente inocentes y silencios incómodos en señales de alarma. De esta manera, el miedo no procede únicamente de una amenaza física, sino de la imposibilidad de saber qué intenciones tienen realmente las personas que rodean al protagonista. Es especialmente interesante cómo la película transforma la relación interracial y las actitudes aparentemente progresistas en una reflexión sobre una forma de racismo más sofisticada: aquella que puede esconderse detrás de la admiración, la condescendencia o la apropiación del otro. El planteamiento resulta así mucho más inquietante porque no presenta a sus antagonistas como personajes abiertamente violentos desde el principio, sino como individuos perfectamente integrados en una sociedad aparentemente respetable. Get Out consigue de este modo combinar terror y crítica social, haciendo que la amenaza tenga una dimensión tanto física como psicológica.

Sin embargo, la película pierde parte de la solidez que había conseguido construir cuando llega a su tramo final. El giro relacionado con Rose, aunque resulta efectivo y modifica por completo la interpretación de muchas de las escenas anteriores, también puede resultar algo forzado cuando se analiza con cierta distancia. La revelación funciona muy bien desde el punto de vista dramático porque obliga a reinterpretar su comportamiento y convierte en sospechosas muchas de sus palabras y actitudes anteriores, pero precisamente por eso algunas situaciones previas parecen necesitar de una complicidad excesiva de los personajes para que el plan pueda desarrollarse. El desenlace acelera considerablemente el ritmo y abandona parte de la sutileza que había caracterizado la primera mitad para ofrecer una sucesión de revelaciones y violencia.

Aun con esas objeciones, Get Out sigue siendo una película muy notable, sobre todo por la inteligencia de su planteamiento y por la capacidad de Jordan Peele para convertir una historia aparentemente convencional en una reflexión sobre el racismo, la identidad y la utilización del miedo. Quizá su final no esté a la altura de la extraordinaria construcción de la primera parte, pero deja una película mucho más interesante de lo que podría parecer a simple vista.

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