La novena puerta (1999): el infierno está en la siguiente página
La novena puerta (The Ninth Gate) es una película de misterio y terror sobrenatural estrenada en 1999, dirigida por Roman Polanski y protagonizada por Johnny Depp, Frank Langella, Lena Olin y Emmanuelle Seigner. El guion fue escrito por John Brownjohn, Enrique Urbizu y Roman Polanski, y toma como punto de partida la novela El club Dumas, publicada por Arturo Pérez-Reverte en 1993. La película se rodó principalmente en Europa, con localizaciones en Francia, Portugal y España, entre ellas Toledo, y presenta una estética muy característica de Polanski, donde dominan los ambientes sombríos y edificios cargados de historia que contribuyen a crear una sensación constante de misterio. Johnny Depp interpreta a Dean Corso, un especialista en libros antiguos cuya personalidad combina cierto cinismo, inteligencia práctica y una actitud de superviviente. La película se apoya más en la insinuación que en el terror explícito.La historia gira en torno a Corso, un experto en libros raros que recibe el encargo de investigar unos ejemplares de un misterioso libro relacionado con el ocultismo. Lo que comienza como un trabajo aparentemente profesional y lucrativo va adquiriendo progresivamente una dimensión mucho más peligrosa, a medida que aparecen personajes interesados en el libro y empiezan a sucederse acontecimientos difíciles de explicar. Sin entrar en spoilers, la película combina la investigación bibliográfica con el thriller, el misterio y ciertos elementos sobrenaturales, haciendo que el espectador acompañe a Corso en la búsqueda de respuestas. Uno de sus mayores aciertos es que durante buena parte del metraje nunca queda del todo claro dónde termina la superstición y dónde comienza lo sobrenatural. Polanski construye la tensión mediante pequeños detalles, encuentros extraños y una sensación de amenaza que se va acumulando. El principal inconveniente puede encontrarse en su ritmo: La novena puerta es una película deliberadamente pausada y, para el espectador acostumbrado a un thriller más rápido, algunos tramos pueden resultar algo lentos. Sin embargo, esa lentitud también forma parte de su personalidad del director; la investigación está bien hilada y permite que los diferentes episodios vayan encajando progresivamente, sin convertir la película en una sucesión de giros gratuitos.La comparación con El club Dumas resulta especialmente interesante porque La novena puerta no pretende ser una traslación literal de la novela. La película toma una de sus líneas argumentales y la convierte en el núcleo de la historia, dejando fuera buena parte del juego literario relacionado con Alexandre Dumas y Los tres mosqueteros, que en la novela tiene una importancia mucho mayor. También se modifican personajes, relaciones y algunos elementos de la investigación, además de cambiar el nombre del protagonista de Lucas Corso a Dean Corso. Por ello, más que juzgar la película por su fidelidad, resulta más interesante entenderla como una reinterpretación cinematográfica. En la película Polanski conserva el gusto de Pérez-Reverte por los libros antiguos, las falsificaciones, los coleccionistas, las bibliotecas y los enigmas literarios, pero desplaza el centro de gravedad hacia una historia de carácter más abiertamente fantástico y oscuro. Esta transformación explica que algunos lectores de la novela echen de menos parte de su riqueza literaria, mientras que la película puede disfrutarse como una obra autónoma.La opinión del propio Pérez-Reverte añade un último matiz interesante. El escritor aceptó que la adaptación introdujera cambios importantes y, según contó posteriormente, terminó satisfecho con el resultado y admirando especialmente el trabajo de Johnny Depp. Su primera impresión del actor, sin embargo, fue bastante menos entusiasta: al conocerlo antes del rodaje llegó a bromear con que quería «matarlo», pero después de verlo trabajar cambió radicalmente de opinión y acabó reconociendo su profesionalidad. En este sentido, La novena puerta puede considerarse una adaptación peculiar ya que no intenta reproducir fielmente El club Dumas, sino que selecciona algunos de sus elementos más cinematográficos y los transforma en un thriller de atmósfera muy marcada. Quizá no sea una película perfecta —su ritmo irregular y cierta frialdad emocional pueden hacer que no conecte con todos los espectadores—, pero está bien construida, mantiene una coherencia interna y posee una personalidad visual inconfundible. Sobre todo, tiene la virtud de dejar al espectador con la sensación de haber entrado durante un par de horas en un mundo donde los libros antiguos esconden algo más que palabras, y donde la investigación intelectual puede terminar convirtiéndose en una experiencia mucho más inquietante de lo que parecía al principio.
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