REC (2007): entre la originalidad y el exceso

Estrenada en 2007 y dirigida por Jaume Balagueró y Paco Plaza, REC supuso una pequeña revolución dentro del cine de terror español. Su mayor acierto fue llevar al límite la fórmula del metraje encontrado (found footage), construyendo toda la narración desde la cámara que acompaña a una reportera de televisión y a su operador mientras cubren una aparentemente rutinaria intervención de los bomberos en un edificio de viviendas. La decisión de filmar la historia en primera persona, con cámara en mano y en tiempo casi real, aportó una sensación de inmediatez poco habitual hasta entonces y convirtió al espectador en un testigo directo de unos acontecimientos que degeneran rápidamente en una pesadilla. Esa apuesta formal, sin duda, constituye la gran aportación de REC al cine de terror contemporáneo.

Sin embargo, una vez superado el impacto de su planteamiento, la película comienza a mostrar importantes debilidades. Buena parte de los personajes resultan poco creíbles y reaccionan de manera artificiosa ante situaciones límite. Especialmente llamativa es la representación de los agentes de la autoridad, incapaces de imponer el menor orden en un escenario de crisis y actuando, en muchos momentos, con una cobardía y una desorganización difíciles de aceptar. Más que transmitir el caos propio de una emergencia, la película da la impresión de exagerar continuamente las reacciones de sus protagonistas para mantener un nivel constante de tensión. Mención aparte merece la interpretación de la protagonista, Ángela Vidal. Lo que en un primer momento pretende transmitir nerviosismo y desconcierto acaba derivando en un personaje excesivamente histriónico, cuya continua sucesión de gritos termina por hacerse agotadora. Lejos de facilitar la identificación del espectador con su angustia, su comportamiento acaba convirtiéndose en uno de los elementos más cargantes del metraje, restando naturalidad a una propuesta que precisamente buscaba convencer por su apariencia de realidad.

Con todo, REC funciona. Su originalidad formal consigue sostener el interés incluso cuando el guion pierde credibilidad, y su tramo final posee una intensidad difícil de discutir. La oscuridad del ático, la progresiva pérdida de referencias espaciales y la utilización magistral de la visión nocturna construyen una atmósfera profundamente claustrofóbica y opresiva que permanece en la memoria mucho después de terminar la película. Sin alcanzar la categoría de obra maestra que algunos le atribuyen, REC sigue siendo una propuesta valiente y eficaz, una película aceptable cuyo mayor mérito reside en haber demostrado que, con una buena idea y una puesta en escena inteligente, el cine de terror español podía encontrar una voz propia.

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